Había una vez, en un vecindario de La Reja, un pájaro catador. Al aparecer y declarar sus habilidades, los vecinos le armaron una mesa en el final de una calle poco transitada, con varias copas y botellas sin rótulo ante sí. Un ayudante le serviría el vino y reemplazaría las botellas cuando se acabaran. La gente se empezó a agolpar para verlo. - ¡Malbec del 38! - decía. Y así iba adivinando, tan sólo introduciendo su pico. Incluso de noche, cuando no había nadie, el pájaro seguía en lo suyo. En un momento, alguien se percató de que el animal dormía bien poco. Intentó convencerlo de que echase una siesta, una tarde de domingo en que el público era mas bien poco. El pájaro no quiso saber nada. - ¡Cabernet Sauvignon! -gritó. Y los aplausos corrieron. Los días fueron pasando y el pájaro empezó a desmejorar de forma evidente. Una noche, a la orden de un médico que lo quería examinar, unos vaqueanos intentaron tomarlo por asalto, pero la bestia se defendió a picotazos. El vino y l...