El persona se acercó al lago con premura.
Al escucharse el chapoteo, un tentáculo emergió.
El persona se asustó rolentamente y miró, indiscreto, los placeres de Manigna.
Cayóse al piso como el tentáculo se acercaba. Se intentó arrastrar fuera de su alcance, mas el tentáculo bajó con ansia, se enrolló en un periquete y tiró.
El persona sintió como se le presionaba la pierna, cómo el tejido viscoso y resbaladizo se le iba encastrando en la pata, al menos hasta que los nervios fueron destruidos.
El tentáculo siguió haciendo presión hasta que las piernas fueron separadas del resto del cuerpo. El persona gritó. La sangre empezó a manar, manchando la grana que rodeaba al lago.
El tentáculo, desaparecido, no dio muestras de querer salir de nuevo.
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