La carretera estaba bastante rota. Jona caminaba un poco sin rumbo y un poco con rumbo imaginario.
Al llegar a la ciudad, encontró un asno parlante en la avenida que doblaba hacia el éste, porque en la otra dirección había una ferretería. El asno hizo esas cosas de asno.
Intentó montarlo y recibió un golpe.
Se levantó y miró al asno, que se alejaba, desapareciendo de su vida para siempre.
Dio un paso adelante. Y metió el pie en una grieta.
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