- Escucháme, Griselda, ¿te estás volteando a tu hermana?
- ¿Pero cómo se te ocurre?
- “Como se te ocurre” nada. Contestáme, ¿querés? ¿Te estás volteando a tu hermana sí o no?
- Bueno… sí. ¿Y qué? - ¿Cómo “y qué”? Es tu hermana, carajo. ¿Cómo podés hacer algo así?
- Yo hago lo que quiero. ¿A vos qué te importa? Te ví con Verónica.
- Verónica no es mi hermana. Lo tuyo no es normal.
- No me importa.
- ¿Ah no? ¿Y cuando la gente se entere?
- Que lo sepa, ¿qué me importa?
- ¿Qué va a decir tu padre? Que te llevé por cosas raras
- Bueno, te acostás con Verónica.
- Acostáte con un tipo, si querés. O con una tipa.
- Pero no con mi hermana.
- No.
- Eso es discriminación.
- Por favor, pensálo. Yo me voy.
- Sí. Andá con Verónica. Ella no se acuesta con su hermana, seguro.
- Mirá… No. La mayoría de las minas podrán ser unas turras pero no se acuestan con sus hermanas. Y no me voy de Verónica. Lo último que me falta ahora es otra mirada de conejo.
- ¿Y donde vas, entonces?
- ¿Qué carajos te importa?
Comentarios
Publicar un comentario