- Retiramos al mono del zoológico porque no nos gustaba ni un poco.
- ¿Es verdad que comía personas?
- No, pero lo encontramos varias veces mirando fijo.
- ¿Cómo reemplazarán al mono?
- Traeremos conejos de la India. Estos conejos están amaestrados y ya nos dijeron que su hábitat no les gusta nada. Así que ya firmamos contrato.
- Pero…
- Eso es todo.
El secretario se bajó entonces del estrado y desapareció por una puerta marrón. El enjambre de periodistas enloqueció, pero era una locura temporal.
Una vez en la terraza, Jorge se sintió golpeado por el viento. Qué injusticia, había pagado el impuesto al viento en término, no debería comportarse de esa manera.
Subió al helicóptero, donde el viento no tenía jurisdicción y le ordenó al piloto que volara. Un tema jodido lo del mono. Había salido en los diarios. Los sueldos de los cuidadores habían sido reducidos convenientemente. Quien fuera que hubiera hablado ya tendría su justicia.
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