- ¡Por una vez, en una de esas, por una vez! –gritaba el señor extraterrestre evidentemente ofuscado.
La niña lo miraba sin decir nada, esperando que su cabezota explotara. No porque le tuviera bronca, sino porque le gustaba la idea de hacerlo. Las cosas explotaban de vez en cuando y a veces había fuego. Que más daba que aquella cabeza verde, recubierta de vello apenas, estallara sin más.
El ser se dio la vuelta, escondiendo la faz entre sus manos. Se sentían los sollozos, por más que quisiera ocultarlos. La niña sólo miraba. No había sentimiento que la conmoviera.
El verde sollozaba, preso de la frustración.
- ¿Y qué voy a hacer ahora? –exclamaba en perfecto lenguaje común- ¿Pero qué voy a hacer?
La niña no tenía respuestas.
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